Bandadas
Hay nostalgias que no nacen de una ausencia, sino de una transformación.
Dicen que el tiempo cambia a las personas. Yo creo que también cambia la forma en que se aman. No siempre para apagar el amor, sino para volverlo distinto. Menos impulsivo, más silencioso. Menos evidente, más cotidiano.
Y es ahí donde aparece una nostalgia difícil de explicar. No la de extrañar a alguien, sino la de extrañar la forma en que dos personas se encontraban en una mirada, en una sonrisa o en un beso. La de recordar aquello que alguna vez parecía tan natural y que, con el tiempo, comenzó a sentirse diferente.
Quizá este escrito no trate de perder a alguien.
Quizá trate, simplemente, de recordar.
Y aquí estoy…
Intentando cobijarme entre estas cuatro paredes, mientras el frío, el sueño y la nostalgia se turnan para arroparme.
Los muros se tiñeron de memorias, de esos besos que volaron en bandadas, emigrando.
Hubo un tiempo en que los besos eran un idioma. Nos decían “quédate”, “te extrañé”, “todo estará bien”, sin necesidad de pronunciar una sola palabra. Bastaba uno para entendernos. Hoy apenas sobreviven en un saludo distraído o una despedida apresurada. Qué extraño es ver morir un lenguaje mientras quienes lo hablaban siguen compartiendo el mismo techo.
A veces regresan en un destello. Apenas un segundo basta para recordarnos quiénes fuimos, antes de que la realidad vuelva a ocupar su lugar.
Los camanances que dibujaba tu sonrisa ya no aparecen como antes. Hoy se presentan en Morse: breves, intermitentes, como si intentaran decirme algo que ya no sé descifrar.
Los errores no siempre llegan con gritos. A veces se cobran en cartas que nunca se escriben, en conversaciones que se posponen hasta olvidarse y en lágrimas que aprendieron a caer sin dejar rastro. Sin darnos cuenta, dejamos de entender aquello que antes no necesitaba traducción.
Estos muros que hoy me arropan conservan los colores de lo que fuimos, pero también los matices y las sombras de todo aquello que dejamos de cuidar. Hay lenguajes que no se olvidan; simplemente dejan de hablarse. Y cuando eso ocurre, incluso el silencio termina pareciéndose a una conversación.
Y aquí estoy…
Mirando el atardecer, como si aún esperara ver regresar aquellas bandadas.
Lo más extraño es que nunca te fuiste.
Estás aquí…
Y aun así, no logro encontrarte.
Andy 🌊

